Es sabido el interés u obsesión que Hitler sentía hacia la mística, el esoterismo y lo sobrenatural. Todo esto, aderezado con sus teorías sobre la superioridad de la raza aria, le llevó a crear la sociedad de la Herencia Ancestral, o Ahnenerbe, dirigida por Himmler, para buscar los orígenes y demostrar sus ideas supremacista mediante expediciones arqueológicas o antropológicas. Pero también, en su intento de ganar la guerra y hacerse con el control mundial, la Ahnenerbe se dedicó, además, a la recopilación de objetos y amuletos atávicos como el arca de Noé o el santo grial, que incluso buscó en España.

Además de las creencias ocultistas, se invirtió mucho en otros proyectos: las llamadas «armas maravillosas». Estas armas, según la propaganda nazi, cambiarían el rumbo de la historia, y entre ellas se encontraban bombas nucleares, cohetes y misiles.

Pero si había un proyecto que destacaba entre todos era la Die Glocke, o la campana, cuyo prototipo se fabricaba en el más absoluto secretismo en un complejo escondido cerca de la frontera checa. Supuestamente la campana era un artefacto de metal que cuando se activaba creaba un campo magnético y antigravitatorio; en resumen: la campana intentaba producir unas determinadas condiciones para desarrollar viajes en el tiempo o atravesar el espacio. Hay mucho escepticismo sobre Die Glocke, y muchas teorías y conjeturas que aseguran que la campana no existe o que, como el resto de «armas maravillosas» nazis, fue confiscada por Estados Unidos durante la Operación Paperclip, por la que también fueron reclutados científicos nazis para desarrollar sus investigaciones y proyectos científicos.

No digáis que no hay aquí un buen jardín para que florezcan teorías conspirativas de todo tipo.