Hay lugares en el mundo inquietantes por su paisaje, sus leyendas o lo que ha ocurrido en ellos. El bosque de Aokigahara, al noroeste del Monte Fuji, en Japón, lo tiene todo: un lugar extraño al que también se llama Mar de Árboles y en el que es sumamente fácil perderse en él por su extensión y su complejidad. Un paisaje desolador que cuenta también con una leyenda perturbadora al creer que es un bosque encantado por los espíritus de los niños y ancianos a los que no podían alimentar y dejaban abandonados allí durante la hambruna del siglo XIX en una antigua práctica: la ubasute. Pero también, es uno de los destinos para los suicidas.

A pesar del cartel a la entrada con el que se intenta hacer desistir a quienes entran en él con la intención de acabar con sus vidas, son numerosos los cuerpos que continuamente encuentran los excursionistas en el siniestro bosque junto a frascos de pastillas, sogas, etc. Colegiales abatidos por malas notas, jóvenes que han sufrido un desamor… en general personas que no han podido sobreponerse a un problema.

La preferencia por el bosque de Aokigahara se puede explicar por la tradicional relación de los japoneses con la Naturaleza, o por una novela publicada en los 60 en la que los dos protagonistas se suicidan en este bosque. Otra de las razones puede ser el evitar endeudar a los parientes ya que las familias de los que escogen tirarse al tren como método para acabar con su vida deben pagar a la empresa ferroviaria en concepto de indemnización por los retrasos.

Sea cual sea la razón, el bosque de Aokigahara es considerado como un lugar extraño lleno de leyendas, como que posee yacimientos de hierro magnético que hacen que no funcionen las brújulas ni los gps y por eso, entre los cuerpos de suicidas que continuamente aparecen allí, también hay los de excursionistas perdidos.

El elevado número de suicidios en el país está entre los más altos del mundo y aunque va disminuyendo, el suicidio honorable para evitar la vergüenza ante la familia está muy arraigado, pero también la depresión y la soledad son factores determinantes. Por esto, el gobierno japonés destina cada vez más recursos para la prevención.

«Tu vida es un hermoso regalo de tus padres. Por favor piensa en tus padres, hermanos e hijos. No te lo guardes. Habla de tus problemas».

(Frase disuasoria a la entrada del bosque de Aokigahara)