Llega el otoño con su carga de calabazas, de castañas asadas y cuentos de miedo. El fin del verano pronostica la llegada de la oscuridad, el final de la cosecha; un momento a medio camino entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno. Y en ese punto intermedio se encuentra All Hallows’ evening, Noche de los Muertos o Samhain: el momento en que el mundo de los vivos se solapa con el de los muertos conviviendo en un delicado equilibrio de fuerzas.
Religioso o pagano, la noche del 31 de octubre tiene gran simbología relacionada con la muerte, con el más allá y sus misterios: rituales, visitas al cementerio, calabazas siniestras, música espectral, sustos y dulces…
El día de Todos los Santos que se celebra el uno de Noviembre, difiere con la Noche de los Fieles Difuntos en que la primera conmemora a los difuntos que han superado el Purgatorio y disfrutan de la vida eterna, de ahí la costumbre de asar castañas en el fuego durante el Magosto, fiesta gallega, según la cual, por cada castaña comida se libera un alma del purgatorio.
El miedo arraigado en nuestro interior hacia lo desconocido, la muerte y el posible regreso de ella es lo que fundamenta una noche tan especial, una noche propicia para brujas, fantasmas, esqueletos y demonios. La muerte, a pesar de lo que supone, nos atrae con curiosidad morbosa, ¿qué hay más allá?, ¿se puede regresar de ella? Preguntas sin contestación. ¿Y por qué esa costumbre de disfrazarnos? Simplemente para ocultarnos, para camuflarnos entre los espíritus y que no nos descubran, porque no solo regresan al mundo de los vivos los familiares difuntos, también, según el origen celta, se desatan otras fuerzas del más allá que intentan apoderarse de los vivos y llevarse su espíritu. Puede que lo que más miedo nos dé realmente no sea la muerte, sino la posibilidad de que se pueda regresar de ella.
Así que esta Noche de Difuntos deja una vela encendida en la ventana para guiar las ánimas que vagan, come castañas y, sobre todo no salgas a la calle sin disfrazarte convenientemente porque quién sabe si ese esqueleto o ese fantasma con los que te cruzas son simples mortales disfrazados como tú o seres del más allá en busca de tu alma.
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